Invasión de estudiantes ‘sobrecualificados’

En 2020, el 64,8% de los ocupados con estudios universitarios en España estaban sobrecualificados para su puesto y el 84,8% de los titulados de Formación Profesional de grado superior igualmente. Hay una cadena descendente que inquieta mucho a los empresarios y las administraciones: los universitarios ocupan puestos intermedios concebidos para titulados de FP Superior y estos se quedan con plazas que requieren menor preparación que la que ellos tienen. Esta dinámica, que no se repite en Europa, “acaba expulsando del mercado a la población con menor nivel de cualificación”, alerta el estudio Cambios en los perfiles profesionales y necesidades de FP. Perspectiva 2030, de la Fundación CaixaBank Dualiza en colaboración con la fundación de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). Es el techo de cristal del grado medio.

El estudio se ha presentado con presencia de la ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría, y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. Ha ejercido de anfitrión José Ignacio Goirigolzarri, presidente de CaixaBank, satisfecho de que se hayan sobrepasado el millón de estudiantes de FP este curso y de que hayan dejado de haber “prejuicios” sobre estos estudios. Aunque ha recordado que se necesita el doble de titulados en FP para llegar a la media de Centroeuropa.

Los graduados en FP medio debían ser mayoría en el escalón de trabajos cualificados y, sin embargo, representan solo entre el 10% y el 15% del total. Parte de esos puestos, entre el 15% y el 20%, los ocupan bachilleres sin una especialización profesional. Mientras que en la categoría de técnicos y profesionales de apoyo y empleados administrativos, los titulados de FP superior apenas son una cuarta parte, porque los universitarios se han adueñado de muchos puestos. “Este proceso genera tensiones contradictorias”, se sostiene en el estudio. Ante esta situación, “el sistema educativo y las familias invierten en mejorar la formación” y ello “genera mayor sobrecualificación”, si la empresa no demanda más de sus trabajadores, recuerda el documento.

Hasta los años 80, los trabajadores aprendían el oficio a través de la experiencia en su puesto, pero entonces las empresas comenzaron a contratar a personal con titulaciones especializadas, tanto de FP como de Universidad. Un modelo que se consolidó en los años 90, con unos empleados cada vez más polivalentes y especializados. Pero a finales del siglo XX, al tiempo que creía el número de universitarios, llegaron oleadas de automatización, se expandió internet y las compañías empezaron a reclamar nuevas habilidades, llamadas blandas: capacidad de liderazgo, de gestionar el tiempo, comunicarse o trabajar en equipo. Y ahora, se ha alcanzado una velocidad de cambio tal que, a juicio del informe de CaixaBank, “el sistema educativo no se ha adaptado a las nuevas necesidades de cualificación, al priorizar el crecimiento cuantitativo de titulaciones por encima de la adaptación a las nuevas exigencias productivas”.

“Hay tanta gente preparada técnicamente que se elige a los técnicos por las habilidades soft. Cuanta más formación tenemos, más rápido aprendemos, con lo cual las empresas están contratando capacidades de aprendizaje para adaptarse bien a los cambios”, ha razonado Oriol Homs, director del estudio. “Y en la FP en España éramos especialistas en enseñar a hacer las cosas, pero no tanto en entrenar las competencias soft”.

Y aunque estas competencias blandas se trabajen de forma transversal en las aulas de FP, queda mucho camino por delante. “Hoy las máquinas obedecen a los programas y los trabajadores es necesario que tomen decisiones desde abajo con autonomía, responsabilidad, para resolver las mil incidencias del proceso, porque si se hace desde más arriba se pierde eficacia. Pero para eso necesitamos un protocolo, en especial en el sector químico y en el farmacéutico”, ha explicado el sociólogo Homs, especialista en empleo. “Pero, ¿hemos preparado a los titulados de FP para entender esos protocolos? En general, los empresarios están muy contentos con los conocimientos técnicos en FP pero no con la autonomía. Prefieren a los universitarios que tienen mayor comprensión lectora. Otra barrera es el inglés, que hace contratar universitarios que lo hablan mejor o redactan mejor un informe”, ha defendido Homs. Otra cortapisa para el grado medio, manifiestan algunas empresas en el estudio, es que los mejores alumnos en prácticas o en formación dual quieren seguir estudiando, no emplease, al verse demasiado jóvenes.

Algunos sectores están corrigiendo esta tendencia dejando un espacio a los titulados en el grado medio de FP, como el de la industria papelera o en las reparaciones en el sector de la automoción. En el aeronáutico, donde dominaban los ingenieros, están ingresando muchos titulados de los diferentes FP como personal de apoyo técnico.

Por el contrario, en el campo farmacéutico, entre 2008 y 2022 se ha vivido una auténtica revolución: los bachilleres y los graduados en secundaria se han reducido a la mitad, mientras que hay 3,5 universitarios por cada titulado de grado superior y de 12 por cada uno de grado medio. ¿Cómo se explican estos porcentajes? Hasta la fecha no hay ningún ciclo de FP grado medio específico para el sector farmacéutico. Para tareas de laboratorio y de fabricación puede echarse mano de dos títulos del campo químico ―técnico de operaciones de laboratorio y el de planta química― pero las empresas prefieren contrata a titulados superiores o con carrera.

Malas noticias también en el sector de servicios TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). En programación y consultoría informática apenas hay trabajadores con un grado medio de FP. Las empresas, en las entrevistas para este estudio, han remarcado que la “elevada volatilidad de los cambios” obliga a los trabajadores a readaptarse constantemente y por eso no pueden asegurar que esos perfiles profesionales se consoliden.

El reto de acreditar la cualificación de 11 millones de trabajadores

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, ha lamentado que el pacto y la ley de FP -con el único voto en contra del PP- hayan pasado «desapercibido como todas las buenas noticias» para la opinión pública, pese a su importancia «para ganar el futuro». Garamendi ha recordado que 11 millones de trabajadores no tienen acreditada su cualificación-aunque luego lo hagan bien tras años de experiencia- y que el reto es que queden solo tres millones sin validar sus competencias.

El Plan de Modernización de la Formación Profesional iniciado en 2020 cuenta este año con 393 millones de euros (un 30% más que en 2021) para, entre otras cosas, crear 88.000 nuevas plazas de FP (55.000 ordinarias y otras 33.000 bilingües) que se sumarán a las 130.000 creadas en los dos últimos cursos escolares (con lo que se alcanzará ya el objetivo de llegar a 200.000 en 2024) y acreditar las competencias de 785.000 trabajadores que ni disponen de ninguna titulación.

La ministra Pilar Alegría se ha mostrado optimista ante la «ventana de oportunidad»: «Nos ha costado 20 años duplicar el número de estudiantes, por primera vez más de un millón. El esfuerzo ha sido importante, hemos aumentado más de un 20% en cuatro años». El reto ahora es que no abandonen antes de titular.

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